¿Has pensado en Dios últimamente? Yo lo hago a menudo. Hay dentro de mi, como una fuerza que me impulsa a pensarlo y disfrutar su compañía.
Todo a mi alrededor me mueve a amarlo y agradecerle por el don de la vida. Me encanta despertarme y ver los amaneceres tan hermosos. Respiro profundamente y pienso: “gracias Señor, por haberme dado la vida”.
Disfruto tanto sabiendo que soy su hijo.
Ser papá me ayuda mucho a conocerlo y amarlo más. Somos como niños para él, que no han crecido.
Él ve la pureza que aun se conserva en nuestros corazones. Esa chispa le basta para sentirse feliz, con esa chispa logra hacernos crecer y madurar en nosotros el anhelo de eternidad.
Sabe que somos de barro. Conoce nuestras muchas debilidades. Pero también sabe que podemos cambiar. Y ser cada día mejores.
¿Qué es lo que más le agrada de nosotros? La inocencia. La pureza de corazón.
Pienso en las cosas de mis hijos y me divierto de lo grande. ¿No hará Dios lo mismo con nosotros?
Hace poco abracé a Luís Felipe, mi hijo de 3 años y le pregunté entusiasmado:
─ ¿Quién va a ir pronto a su escuelita?
Abrió sus ojitos de par en par, como preocupado, me obsequió entonces una esplendida sonrisa y respondió:
─ Luís no... Papa sí.
|