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Llegan estas fechas, y a menudo muchas personas hacemos propósitos. Es aprovechando estos días especiales como nos proponemos obtener algo o lograr nuevas metas en el año al que recién quitamos el moño y estrenamos en un clima de alegría.
Y así… mejorar el auto, tener una casa propia, sacar mejores calificaciones, encontrar la media naranja; en otros casos bajar de peso, pagar las deudas, tener un empleo más remunerado; la realidad es que todo ser humano se encuentra siempre anhelando, no fácilmente se llenan sus expectativas.
El punto favorable de hacer un propósito al iniciar el año nuevo, es que se busca mejorar, o de plano corregir alguna circunstancia de la vida, lo cual es muy bueno; no debemos olvidar que Dios nos hizo perfectibles y que por ello mismo nos invita ser perfectos como el Padre es perfecto (Cfr. Mt 5, 43-48), a no quedarnos en la mediocridad, sino a procurar el bien para nosotros mismos y después poder compartirlo.
Y, aunque este pensamiento suene muy egoísta, es una realidad que “para poder ser generoso, hay que primero ser egoísta”, es decir: nada da, el que nada tiene.
Tristemente, muchos de nosotros nos olvidamos de un pequeño detallito: somos cuerpo pero también alma, y así como en estos tiempos hacemos propósitos en la vía de lo material, lo mundano, lo corpóreo, también debemos buscar darle una mejoradita a nuestra vida espiritual.
¿Cómo se logra esto? Haciendo de la misma manera propósitos tales como hacer más oración, rezar el santo rosario más a menudo, asistir más frecuentemente a misa, chismosear menos, hacer más obras de caridad y procurar dejar de hacerle la vida difícil al prójimo, ser más amables con los demás, más sonrientes, y también más empáticos...
Comprometernos parece fácil, pero en la práctica es algo complicado, sobre todo cuando no nos ponemos las pilas y todo se queda en un sentimentalismo, lo mismo sucede con los propósitos corporales. Por eso es necesario establecer fechas, concretizar nombres, lugares, tiempos, y más que otra cosa, es necesario disponer el corazón a trabajar activamente. Recuerda que una actitud positiva nos da automáticamente la mitad del triunfo, con un poquito de esfuerzo podremos practicar una virtud durante todo el año, ya no será un año más, sino una virtud más en el año nuevo.
Ojalá pues, que en este principio de año podamos hacer nuestros propósitos a nivel corporal, pero también a nivel espiritual. Comencemos abriendo las puertas del corazón al Evangelio que es claro y objetivo, y a partir del mensaje allí contenido nos podremos proyectar en todas direcciones.
¡Que tengas un buen inicio de año 2012!
Sea Dios quien te llene de su Amor, de su Paz, su Fuerza y su Bondad, porque solo en Él y gracias a Él nos movemos, existimos y somos…
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